Quisiera hablar un
poco del capital territorial. Es un término muy aplicado a la
ordenación del territorio, y por tanto es -o debe ser- conocido por
urbanistas, sociólogos y economistas. El capital territorial es el
conjunto de circunstancias que suceden en un determinado contexto
espacial, con soporte territorial, y que definen la situación
virtual a la que puede llegar dicho territorio (y aquellos que lo
habitan). Se entiende este concepto como un punto de oportunidad para
el desarrollo científico, político, cultural, económico, etc, que
puede beneficiar a un conjunto de ciudadanos.
En las clases del
profesor Andreas Hildenbrand, de la Universidad de Sevilla, éste
explicaba que un ejemplo de capital territorial en Andalucía era la
red de ciudades intermedia que disponía la zona central interior de
la región. Es por tanto un punto de oportunidad para el desarrollo
económico de la zona, siempre, claro está, haciéndose valer de la
suficiente madurez política.
Pues bien, el
motivo por el que me siento motivado a decir todo esto, no es otro
que el de servir de clave para entender algo que voy explicar a
continuación y que me angustia profundamente.
Desde hace un
tiempo a esta parte, no hay más que perspectivas negativas en el
Estado Español. Antes unos, y ahora otros, no hacen más que repetir
la molesta e incesante cantinela que nos intenta convencer de que la
única forma de superar la recesión económica es la de recortar los
gastos del estado. Y yo quiero hacer ver, aunque sea a una sola
persona más en este país, que hay algo de perversión y de pereza
en esta forma de entender la política. España no puede ser un país
que se conforme con una presencia invisible dentro del contexto
internacional, y con la mediocridad científica a la que nos expulsan
ciertos -peores que mediocres- gobernantes. Y digo ésto no por un
arrebato patriótico -que no son nada frecuentes en mí, por no decir
que son improbables-, sino porque este estado tiene un capital
territorial ENORME, con mayúsculas, para destacar en aquellos
oficios donde hace falta una mente inquieta y creativa. España ha
creado una gran cantidad de personas muy preparadas y muy capaces en
estos campos, y la sola idea de desaprovechar todo ésto, por remoto
que sea, es una inmoralidad para con nuestra generación y para con
las que están por venir. Y lo que más me indigna, me enerva, y
hasta me sonroja, es que este desmán acontece por la ignominiosa
pereza y torpeza que aquellos que se atreven a ensuciar una palabra
tan bella como «política» con sus igualmente perezosas y torpes
decisiones y voluntades.
Ya está bien de
permitir esto. Es nuestra responsabilidad hacer retornar la cordura
en estos tiempos esquizofrénicos y oscuros. Y es nuestro deber como
generación.
Bienvenidos a mi
nuevo blog.
No eres el único en pensar lo que tu post describe, pero... ¿Cómo esperamos conseguir un cambio en el sistema actual cuando el fútbol mueve una masa mayor que una manifestación pro-derechos? La corrupción de moda ha dado al traste con la democracia, yo opto por degustar una ración de Anarquía si la revolución que se aproxima canta victoria...
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